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martes, 13 de agosto de 2013

Pasta de espelta casera


Hace ya un tiempo que en casa no comemos pastas refinadas o, lo que vendría a ser lo mismo, de trigo. Espirales de kamut, espaguetis de espelta, macarrones de centeno... hay muchas harinas más sanas que la blanca que encontramos de manera habitual. 
El paso siguiente, he pensado (no sé si buena idea porque el calor me tiene fatal), es hacer la pasta en casa. No solo por saludable. Cabe decir que un kilo de harina integral de espelta cuesta mas o menos lo mismo que medio kilo de pasta y da para muchos más platos. 
Al encontrar recetas no daba crédito de que fuera tan sencillo así que no ha quedado más remedio que ponerlas en práctica. 

100 grs de harina integral de espelta 
1 huevo 
1 chorrito de aceite de oliva 
1 pizca de sal 

Un apunte al respecto de los ingredientes: si se desea hacer más cantidad, basta con añadir un huevo por cada 100 gramos de harina. 
Vamos a ello. 

Se forma un volcán con la harina, se echa en el medio el huevo y se mezcla todo. Un chorrito de aceite al gusto y una pizca de sal. 
Se remueve bien con las manos (lavadas, por favor) hasta que quede una bola mas o menos compacta. 
Se tapa con un trapo y se deja reposar de 10 a 15 minutos. 

Con un rodillo se amasa hasta dejarla muy fina. Lo malo del rodillo es que nunca quedará lo suficientemente fina sin que quiebre porque yo la dejo bastante delgada pero al cocer engorda, tal como se ve en la foto. 

Así engorda la pasta al cocerla

Se pueden cortar tallarines, hacer lasaña, canelones, raviolis... y quien disponga de máquina de hacer pasta ya puede hacer maravillas. 

Por último, en una olla con agua hirviendo, un chorro de aceite y sal, fuego medio, se cuecen de 10 a 15 minutos. Lo mejor es ir probando porque el tiempo depende del grosor. 

Tengo que decir que está deliciosa y es facilísima de hacer.
Solo me queda comprobar si se puede congelar y probar múltiples recetas de masa de pasta. Tendréis noticias al respecto.

¡Buen provecho!

domingo, 28 de octubre de 2012

Sal de jamón casera

El otro día vi una receta en la que se usaba sal de jamón para salar al tiempo que decorar. Se me ocurren muchos platos en los cuales incluir este ingrediente pero ¿lo puedo preparar en casa?
Ya sabemos que muchas de estas cosas solo se venden en tiendas gourmet y a precios de risa, pero no por bajos. Así que empecé a indagar y encontré varias maneras de prepararla.
En casi todas se incluye jamón y sal pero me parece demasiado. Si el jamón ya es salado ¿para qué añadir más sal? No es cuestión de invitar a la señora hipertensión a vivir con nosotros.

Con 200 gramos de jamón serrano se tiene para unas cuantas veces. No es necesario que sea un buen jamón puesto que lo vamos a deshidratar. Se puede hacer tanto en microondas como en horno, al final se tarda más o menos lo mismo.

Para hacerla en el horno:
Se cubre la bandeja con papel vegetal, se reparten las lonchas de jamón sin superponerlas, se tapan con otra hoja de papel vegetal y se pone un peso encima, por ejemplo uno o dos recipientes aptos para horno. A 200º durante 15 minutos.

Para hacerla en el microondas:
En un plato llano se pone el papel vegetal, se ponen las lonchas que quepan sobre el plato sin superponerlas y se cubren con la mitad de papel vegetal sobrante. Se pone otro plato encima para presionar el jamón. A máxima potencia durante 3 minutos.

El papel vegetal se puede reutilizar si se quiere seguir haciendo más sal de jamón.
En ambos casos se separa el jamón del papel y se deja enfriar 1 minuto, tras el cual estará duro y muy crujiente. Se echa en un mortero y se tritura hasta que quede como las escamas de sal.

Se puede conservar durante un tiempo en un recipiente cerrado y, a poder ser, de cristal. Creo que combina perfectamente con verduras tal como mostraré proximamente...

¡Buen provecho!

 

domingo, 13 de mayo de 2012

Paté de almendras: mejora con las horas


Empieza otra serie de patés o cremas untables. Si es que cuando me da por ahí se me va la mano pero hay recetas tan sencillas y que dan tan buen resultado que no se puede una resistir.
Este paté en concreto es de los que no solo mejora con las horas si no que se debe dejar al menos un día reposar porque el cambio es impresionante.

200 grs. de almendras crudas con piel y sin cáscara
2 dientes de ajo
1/2 limón
50 cc de aceite de oliva
Sal
Pimienta negra
Agua

Para empezar, con un día de antelación hay que dejar las almendras en remojo sin quitarles la piel.
Transcurridas unas 12 horas como mínimo, se trituran las almendras, los dientes de ajo, el zumo del medio limón, el aceite de oliva, un poco de sal y un poco de pimienta negra.
Es posible que dos dientes de ajo sean algo fuertes para alguna gente pero es lo que le da vidilla a este untable.
Lo seguro es que quedará muy espeso por lo que hay que ir agregando agua hasta que quede con la densidad deseada.

Cuando se pruebe no hay que decepcionarse, al principio el sabor predominante es el del ajo pero con el paso de las horas se acentúa la almendra y se convierte en un aperitivo fantástico.

Y aquí dejo un avance de los próximos episodios, como en las series de antes...


¡Buen provecho!

domingo, 1 de abril de 2012

Pan, toma 2: mejorado

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Gran mejoría la conseguida con el segundo pan de la casa. Esta vez, eso sí, echando más paciencia.
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20:00 Hago la masa, aumentando la cantidad de sal a cucharada de postre hasta arriba, y la dejo en un bol tapado con un trapo toda la noche.
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10:00 Amaso de nuevo y la vuelvo a dejar reposar.
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16:00 Hago tres cortes en la masa y horneo el pan durante 40 minutos. Los 30 primeros un nivel por debajo del medio del horno, a 200º. Los últimos 10 minutos en el nivel del medio del horno. Apago el horno pero dejo el pan dentro.
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En la toma 3 aumentaré el tiempo de cocción en cinco minutos más.
Por lo demás, este pan supera con creces al anterior, sobre todo en la consistencia de la masa y no dudo en afirmar que se debe al tiempo que se ha dejado para subir.
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¡Buen provecho!
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sábado, 31 de marzo de 2012

Pan, toma 1: ¡acción!

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¡Al fin pan casero! Hacía días que tenía ganas y con los panecillos que mostré el otro día, más o menos se compensaba el antojo. Pero seguía ahí con el run run...
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¿Por qué no lo hacía? La levadura. Simple y llanamente la levadura. ¿Cómo puede ser tan difícil conseguir levadura fresca? Cuando yo era pequeña, en altura y en edad, mi madre no tenía estos problemas. Ahora, claro, como contó El Comidista el otro día, de pan ya queda poco, se llama pan a cualquier cosa y se paga a precio de diamante.
Ese es el motivo por el que me he decidido a hacer pan casero, porque quería volver a comer pan de verdad. Un pequeño sacrificio semanal puede hacer las comidas más felices. Esto parece el lema de la secta panificadora.
Pero me salvó papá Roig con su Mercadona: ¡tienen levadura fresca! Y una vez probada, no está nada mal.
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En este primer contacto con el pan, he tenido mis errores, dos en concreto: poca sal y falta de cocción. Pero la receta está cogida... y este primer pan tostado con aceite y sal está estupendísimo!!
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250 grs. de harina de fuerza
250 grs. de harina normal
25 grs. de levadura fresca
2 tazas de agua tibia
1 cucharada de postre de sal
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Al ser fresca la levadura, primero hay que desacerla en una de las dos tazas de agua. Mejor si el agua está templada tirando a caliente... pero poco caliente.
En un bol se mezcla la harina y la sal, se hace un hueco en el medio (típico volcán) y se echa la taza de agua con la levadura (la taza no, solo el agua). Se mezcla todo bien. Si queda demasiado denso y no se agarra, más agua. Si queda demasiado líquido, más harina. Pero normalmente este segundo caso no se da.
Cuando está bien mezclado, harina sobre la encimera y a trabajar la masa. Lo que he denominado Método Harinas, clara competencia al Método Pilates en cuanto a fortalecer los brazos. Paciencia, no hay dolor. Pueden ser de 10 a 15 minutos.
Cuando la masa está compacta, suave y flexible, se deja reposar tapada con un trapo o, como he leído por ahí, en un bol tapado con papel film. A mi con el trapo me parece más tradicional todavía :)
Más o menos una hora después se revisa la masa, lo más probable es que haya crecido al doble. Este punto me parece precioso, con un punto de magia. ¡Me encanta!
Vuelta a amasar y se deja reposar otra media hora. Tras esto, con el horno caliente a 200º se introduce el pan (bandeja barnizada de aceite, así como el pan).
Calculo que para que la cocción sea buena tiene que estar unos 45 minutos. Pero eso lo confirmaré en la toma 2.
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Lo que sí confirmo es que el pan casero está riquísimo.
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¡Buen provecho!
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domingo, 25 de marzo de 2012

Panecillos con levadura royal: pan de urgencia

No ha sido tanto por una urgencia, más bien el antojo de comer pan bueno, el no disponer de levadura de panadería ni de masa madre y la pereza de salir de casa.
Cotilleando por internet y explorando la despensa, he acabado con las manos en la masa, literalmente. Porque esa es otra, nada de panificadora ni de máquinas cocineras, esta receta es tan rápida que ni eso hace falta.
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Ingredientes:
300 grs. de harina
1/2 sobre de levadura química (la Royal de toda la vida)
1 cucharada de azúcar moreno (solo por mi predilección por este)
1 cucharadita de sal
65 grs. de mantequilla
150 cc. de leche desnatada
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He usado harina de fuerza, no me fiaba al no usar levadura de panadería. La próxima vez pruebo con harina integral.
En un bol se mezclan unos 280 grs. de harina, el azúcar, la levadura y la sal. Sin privarse de usar las manos.
Antes de echar la mantequilla, si acaba de sacarse de la nevera, se pasa unos segundos por el microondas. Unos segundos de nada, no hay que hacer que se derrita, solo que ablande. Se mezcla la mantequilla con los ingredientes del bol hasta que quede bien deshecha. Se echa la leche y se revuelve para humedecer la masa.
Un poco de harina sobre la encimera y a amasar (para eso se dejaron unos 20 gramos). Con brío en dos minutos está compacta. Se hace una bola, se parte en cuatro y con cada porción se hace un rulo de unos 15/20 centímetros de largo. Se parte en tres. Así se obtienen doce panecillos.
Se colocan en la bandeja del horno y se meten en este, previamente calentado. A 180º unos 25 minutos. Y ya tenemos el pan listo para comer.
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Estos panecillos me parecen fantásticos para una comida con gente en casa, quedan simpáticos. Y más si se les añade en la masa aceitunas negras u orégano entre otros. Este experimento lo dejo para otro día.
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¡Buen provecho!
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martes, 13 de marzo de 2012

Berzas del pueblo con "cerdo" casero

Aprovechando los días pasados en Galicia, visitamos familia y el pueblo de mis abuelos, al cual hacía ya casi un año que no bajaba (lo de bajar es literal, quien ha estado lo puede confirmar). En San Esteban, pueblo de mi abuela, nos dieron morcillas de cebolla y chorizos caseros. Luego pasamos por Coea, aldea en la que se crió mi padre: del huerto recuperamos berzas y de la bodega vino blanco, vino tinto y aguardiente. Cosecha propia, por supuesto.
Así esta noche hemos cenado como si estuvieramos en pleno monte.
Primero he cocido una morcilla y un chorizo. Unos tres cuartos de hora a fuego lento. Los he sacado y, en el agua de la cocción, he echado las berzas previamente lavadas. Con 10 minutos ha bastado. Las he escurrido, eso sí, sin tirar el caldo que bien bueno puede estar con unos fideos.
En un plato con pimentón dulce y aceite, acompañadas del cerdo, ha sido una delicatesen que no se encuentra en la capital.
A continuación el huerto con las berzas y detalles de Coea.
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¡Buen provecho!

In memoriam: aguardiente del abuelo Antonio



En memoria de mi abuelo, que hago extensible a mis abuelos, un chupito de ese aguardiente que hacía él mismo, de su propia cosecha, y que ahora es un bien preciado. Una de esas bebidas caseras que se hacen con cariño pero que, además, tienen una calidad que va más allá del sabor.
Aguardiente con personalidad propia, como su productor.
En su recuerdo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Sal de vino hecha en casa

Ultimamente se han puesto de moda muchas "pijadas" en la cocina. La mayoría no aporta grandes cambios pero resulta simpático el toque que aporta a los platos. La semana pasada, buscando una receta, me encontré con la sal de vino casera. Y ¿no resulta más divertido prepararla en casa que comprarla?

Hay varias maneras de prepararla: al horno o con paciencia. La segunda es la opción que he puesto en práctica esta semana. Tiene su gracia, es como los experimentos de ciencias que hacíamos en el colegio. Solo se necesita sal y vino.

¿Qué tipo de sal? A poder ser sal maldon y, a falta de ella, sal gorda. Pero la primera queda mucho más bonita.

¿Qué tipo de vino? Tinto, por supuesto. A partir de ahí va a gustos.


En el fondo de un plato hondo se reparte la sal y se cubre con el vino. Se deja unos días "al aire" para que seque. Por la mañana y por la noche es necesario removerla. Y si se desea que el sabor sea más intenso, se va echando más vino con el paso de los días.

En cuanto al uso, habrá que ir experimentando.

¡Buen provecho!